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Un proyecto europeo busca biomarcadores para predecir la obesidad

El Consorcio, formado por 18 miembros de 9 países, aspira a combatir la enfermedad invirtiendo en su prevención y en un mayor conocimiento sobre su base genética.

Investigadores del ISPA implementarán técnicas de secuenciación masiva de moléculas como el ADN.

La obesidad es una problemática cada vez más presente en un mundo donde la mitad de la población presenta carencias nutricionales. Se trata de una enfermedad compleja, donde intervienen multitud de aspectos genéticos, pero también ambientales. La obesidad constituye un factor añadido que empeora el pronóstico del paciente que padece otras enfermedades y las complicaciones sanitarias que se derivan de esta acostumbran a ser muy graves.

Por eso, una de las mejores estrategias para limitar el impacto de la obesidad en nuestra sociedad es fomentar la prevención de la enfermedad desde las edades más tempranas. Con esta idea en mente, más de doscientos investigadores básicos y clínicos decidieron apostar por la creación de un Consorcio Europeo. ¿El resultado? Un proyecto que cuenta con 18 miembros de 9 países y que busca prevenir la obesidad infantil sirviéndose de las herramientas más avanzadas en análisis genético, el uso de la bioinformática y que cuenta con la inteligencia artificial como aliada.

Mario Fernández Fraga, responsable del grupo de Epigenética del Cáncer del ISPA, forma parte del proyecto  “Prevención de la obesidad a lo largo de la vida mediante la identificación precoz de los factores de riesgo, el pronóstico y la intervención” como uno de sus investigadores principales. La idea central del mismo, comenta, versa sobre “mantenerse saludable en una sociedad que cambia rápidamente”, y ha recibido 10 millones de euros provenientes del programa HORIZON de la Unión Europea: “Sabemos que la primera década de la vida nos marca a la hora de poder desarrollar en el futuro obesidad, y este papel es notable incluso desde el periodo gestacional. Sin embargo, no conocemos cómo ocurre esto, qué mecanismos moleculares están implicados en esa predisposición o mayor riesgo, y eso es lo que esperamos ver gracias a este proyecto”, explica Fernández Fraga.

La aportación de Asturias a este proyecto se enmarca en lo que conocemos como multiómica. La multiómica es la suma de un conjunto de técnicas capaces secuenciar moléculas de origen biológico de manera masiva: la genómica secuencia nuestros genes; la proteómica, las proteínas. Y lo mismo ocurre con la transcriptómica o la epigenómica: “Las moléculas o biomarcadores que nosotros queremos estudiar esconden datos que no pueden verse ni detectarse en un análisis de sangre”, comenta el investigador.

Sobre la situación actual de la multiómica, se muestra esperanzado: “Hemos vivido una auténtica revolución tecnológica, gracias a la cual podemos estudiar todas estas moléculas de manera conjunta. Las ómicas nos permiten predecir si, por ejemplo, un paciente va a responder o no a un tratamiento antitumoral determinado”.

– ¿Y de qué dependería que pueda responder?

– De su condición genética y epigenética, naturalmente. De ahí la importancia de implementar estas técnicas en la clínica.

“Hemos vivido una auténtica revolución tecnológica gracias a la cual podemos estudiar todas estas moléculas de manera conjunta”

Mario Fernández Fraga

Para el investigador del ISPA, “no sería una locura pensar que en poco tiempo el uso de las ómicas se pueda naturalizar hasta el punto de estar presente en el día a día hospitalario”, convirtiéndose en un método que ayude a predecir las vulnerabilidades de los pacientes.

El proyecto cuenta con una serie de peculiaridades, desde el enfoque del mismo hasta la colaboración entre empresas, grupos de investigación y personal hospitalario. Tal como explica Fernández Fraga, hasta ahora las investigaciones sobre la obesidad abordaban la enfermedad desde dos perspectivas fundamentales: por un lado se estudia la base genética; por otro, se parte de la perspectiva del estilo de vida del paciente: “Se da por hecho que una persona con un estilo de vida poco sano tiene un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad, y es cierto, pero desconocemos cuáles son los mecanismos moleculares implicados, de manera que es natural preguntarse: ¿Por qué eso es así?”, añade el científico.

“Se da por hecho que una persona con un estilo de vida poco sano tiene un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad, y es cierto, pero desconocemos cuáles son los mecanismos moleculares implicados”

Mario Fernández Fraga

Los investigadores tratarán de comprender en qué medida un estilo de vida poco saludable para un ser humano durante sus primeras etapas puede condicionar su vida adulta, contando con el apoyo de la inteligencia artificial para manejar la enorme cantidad de datos de pacientes generados como fruto de la colaboración de varios hospitales en el proyecto.

Los estudios clínicos incluyen también una revisión sobre el papel de la salud mental, el comportamiento y el estilo de vida en el paciente, buscando implementar en el futuro estrategias de prevención de la obesidad centradas en la dieta, el ejercicio y el entorno.

COMUNICACIÓN ISPA-FINBA

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